La startup Infira desarrolló una tecnología que septuplica la vida de los cultivos
Jueves 16 de junio de 2022

La startup Infira desarrolló una tecnología que septuplica la vida de los cultivos y busca inversores


La compañía surgió a partir de un descubrimiento realizado por el equipo de la doctora Renata Reinheimer, en el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral. El proceso de modificación genética, aún en escala de laboratorio, convierte los cultivos anuales en perennes. Sus fundadoras ya preparan una ronda de inversión para captar fondos.


La startup santafecina Infira, nacida de las entrañas del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral y con un fuerte impulso estatal, promete revolucionar la agricultura mundial. Con una tecnología innovadora de modificación genética, permiten extender hasta siete veces la vida de los cultivos anuales para convertirlos en perennes. Esta es su historia.


La agricultura está en el centro de la historia humana. No solo es la base de la alimentación mundial, sino que en el principio de los tiempos fue la herramienta que le permitió a los seres humanos pasar de ser nómadas a establecerse por períodos prolongados en un solo lugar.


Se suele decir que fue a partir de ese momento, con el dominio de la agricultura, que la especie humana empezó a dar forma al camino evolutivo que desembocó en nuestra actualidad. De un incipiente control de la técnica agropecuaria al desarrollo tecnológico contemporáneo.


Pese a ello, con el nivel de innovación y de riqueza, aún hoy, luego de miles de años de evolución existen dos grandes déficits que la sociedad acarrea y que en los últimos tiempos se profundizaron: el hambre en el mundo y la crisis ambiental. Pero el optimismo excede al pesimismo. Y hay con qué.


Recientemente, un desarrollo creado en una usina de investigación del Estado argentino sembró esperanza y abre las puertas a un posible cambio que permitiría hacer frente a la crisis alimentaria y a la problemática medioambiental.


La doctora en Ciencias Biológicas, investigadora del CONICET y de la Universidad Nacional del Litoral, Renata Reinheimer, dio forma a una técnica que permite extender hasta siete veces la vida de los cultivos, además de aumentar su biomasa, su rendimiento y mejorar la calidad del suelo. El desarrollo la llevó a crear una empresa de base tecnológica llamada Infira, en colaboración con la Ingeniera Química Cecilia Arolfo y la Magister en Innovación y Emprendimiento María Victoria Nagel.


“Trabajo en docencia y también dirijo un laboratorio en el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral en el Centro Científico Tecnológico Santa Fe. Allí lo que hacemos es investigar la evolución de las plantas. Nos gusta viajar al pasado, reconstruir lo que pasó hace 20 millones de años y tratar de identificar los grupos de genes o moléculas responsables de hacer grandes cambios en las plantas”, cuenta Reinheimer en diálogo con Ámbito.


Durante 10 años, la investigadora indagó sobre distintos aspectos de las ciencias biológicas, como los cambios en la forma de la flor a lo largo del tiempo, la evolución de la fotosíntesis, pero sobre todo el cambio de ciclo de vida de las plantas. Y cuáles fueron los genes involucrados.


“Las primeras plantas eran de vida corta, pero con el tiempo ese ciclo se fue incrementando hasta hoy, donde el 95% de las especies con flores que conocemos son perennes o de vida larga y un 5% viven poco tiempo”, explica la doctora. Esa particularidad biológica la llevó a profundizar la investigación para identificar qué parte del genoma era la responsable de estos cambios.


Y luego de años de trabajo, lo lograron. “Dimos con un grupo de moléculas que tenían justamente esta capacidad, es decir, de ser las responsables de cambiar el ciclo de vida anual en un ciclo de vida perenne”, señala Reinheimer.


Cultivos perennes


Los cultivos perennes son aquellos que, como la palabra lo indica, tienen ciclos de vida muy largos. Entre ellos se encuentran innumerables variedades de especies como árboles (ej. algarrobo) y pastos nativos que son la base de nuestros pastizales naturales. Su cualidad hace que se puedan producir por largos períodos de tiempo sin tener que establecerse una y otra vez, año a año.


Pese a la predilección de la naturaleza por estas especies, la mayor parte de la superficie arable del planeta está cubierta por cultivos de vida corta. “La actividad del hombre hizo cambiar ese paisaje y hoy el 70% está ocupada por cultivos que son la base de nuestra alimentación y nuestra energía, como arroz, maíz, trigo, avena, soja”, explicó la doctora.


El efecto negativo que tienen los cultivos anuales es indudable, ya que al durar menos tiempo en tierra terminan favoreciendo la erosión del suelo y obligan al productor a utilizar mayor cantidad de agua y maquinarias para sembrar y resembrar en corto tiempo. La huella de carbono es superior a la de los cultivos perennes, lo que hace que sean más perjudiciales para el medio ambiente.


“Lo que nosotras queremos hacer con esta tecnología es aplicar estos genes a cultivos anuales para pasarlos a perennes, es decir, variedades que se establezcan una sola vez al año y se puedan aprovechar por dos o tres ciclos más”, puntualizó.



Infira


Para eso, la doctora en Ciencias Biológicas vio la necesidad de crear Infira, una empresa de base tecnológica que nació en plena pandemia como tantas otras startups que surgieron para llevar solución a problemas acuciantes. En este caso, el de la agricultura.


Ante la necesidad de formar una compañía, Reinheimer se asoció con Arolfo - actual Directora de Operaciones (COO) - y Nagel - Directora de Desarrollo de Negocios (CBDO)-, quienes pusieron a disposición su experiencia en emprendedurismo y negocios. “Hoy somos tres emprendedoras, pero no estamos solas. Trabajamos con un producto que hay que llevar al mercado del agro, por lo tanto también necesitamos consultores en agronomía de distintas áreas”, explicó Reinheimer, quien dentro de la firma ocupa el rol de Directora de Investigación y Desarrollo (CSO).


La creación de la compañía implicó una inversión total que rondó los u$s150.000 y u$s 200.000. Una parte fue aportada por las socias pero también contaron con fondeo estatal.


“Recibimos algunos subsidios del Estado además de la inversión que obtuvimos de Aceleradora Litoral”, señaló la CSO. La aceleradora es una unión entre la Universidad Nacional del Litoral, el Parque Tecnológico del Litoral Centro, la Bolsa de Comercio de Santa Fe y la Unión Industrial de Santa Fe y se encarga de potenciar empresas de base científica-tecnológica.


A la par, lograron una inversión proveniente de FONDCE. Impulsado por el macrismo y sancionado con apoyo unánime del Congreso a través de la ley de Emprendedores en 2017, el FONDCE es el Fondo de Desarrollo de Capital Emprendedor que gestiona el Ministerio de Desarrollo Productivo de Nación y que tiene por objetivo impulsar nuevos negocios de impacto socio-ambiental o de carácter estratégicos. “Por el hecho de que la aceleradora te elija, ellos ponen dos dólares por cada dólar que pone Aceleradora Litoral”, explicó Nagel.


El destino de ese dinero no solo fue para la creación de la compañía, sino también - principalmente - para registrar la propiedad intelectual del desarrollo.


Como es un proceso tecnológico que nace en instituciones públicas, la titularidad de la patente pertenece a la Universidad Nacional del Litoral y al CONICET. A partir de allí, Infira obtuvo la licencia exclusiva para llevarla a nivel internacional. “Hoy tenemos la propiedad intelectual solicitada en seis países y en la Unión Europea así que estamos cubiertos en los mejores mercados”, explicó Reinheimer.


Beneficio medioambiental


Una vez registrada la propiedad intelectual, el objetivo de la startup fue enfocarse en el desarrollo tecnológico e iniciar nuevos contactos para luego poder sub-licenciar el producto a las empresas o productores que deseen aprovechar sus beneficios.


“La puesta a punto se inició con arroz, pero estamos pre-seleccionando el resto de los cultivos”, contó Nagel, lo cual les permitirá identificar los socios estratégicos y dimensionar el dinero que necesitarán para los próximos pasos.


Actualmente, existen especies de arroces que se cosechan más de una vez. En algunos casos, hasta tres veces. Sin embargo, a la segunda vez la productividad cae. “Con esas especies te ahorras costos de resembrado pero no lo recuperas en la segunda cosecha. En cambio, la tecnología de Infira no solo le alarga la vida: lo novedoso es que no baja la productividad. Ahí nuestro modelo hace la diferencia”, profundizó Nagel a este medio.


En esa línea, Reinheimer dio más detalles y explicó que el modelo, aún en escala de laboratorio, “aumenta la producción de biomasa aérea hasta 4000%” y también incrementa la producción de semillas en un 200%, con lo cual el productor obtiene mejores rendimientos por ambos lados./p>


Además, al no tener que resembrar año tras año se ahorrará enormes cantidades de dinero en agroquímicos y en maquinaria. De esta manera, tendrá mayores beneficios económicos que con cultivos de vida corta y además, al usar menos fertilizantes artificiales redundará en un beneficio al ambiente y al usuario.


Así lo explicó la investigadora: “Que vivan más tiempo las especies hace que los suelos estén más cubiertos, lo que previene la erosión y mejora el sistema radicular. Mejores raíces permiten un mejor balance y uso del agua, captan más carbono y se mejora el uso de macronutrientes como el fósforo y el nitrógeno. En definitiva, tiene ventajas ambientales muy notorias”.


Para Victoria Nagel, una de las metas a las que apuntan con este modelo es “a cambiar el mosaico de lo que se ve desde arriba en el campo”. Pasar de un paisaje monótono a otro más diverso. “Que el dueño del terreno, como logró disminuir sus costos y está ganando por la producción agrícola, pueda dedicar recursos a otras actividades en el mismo espacio”, dijo.


Al tener espacio para plantar otras especies, esto podría derivar en un beneficio para las aves y los animales. La transformación del paisaje sería notoria. “Podrían surgir nuevas actividades como el ecoturismo en base a eso”, agregó.


Reinheimer coincidió con la mirada de su socia, pero aclaró que eso no quiere decir que la idea de la compañía sea “plantear que hoy está todo mal” y reemplazar todos los cultivos por especies perennes. “Hay formas de integrar, de dividir parcelas, de recuperar el paisaje por partes”, dijo.


Tal como señalaron ambas, la tecnología se puede aplicar a cualquier tipo de cultivo, a distintas especies. Y si bien hoy están trabajando con arroz, los próximos cultivos en los que ya planean incursionar podrían estar enfocados en otros usos, no sólo en el consumo humano.


“Lo que intentamos ahora es avanzar con otras aplicaciones que tienen que ver con la generación de energía, por ejemplo en lo vinculado con el etanol”, adelantó Reinheimer, ya que la tecnología “se podría aplicar a especies de importancia económica que hoy se utilizan como cultivos industriales para la producción de combustible”.


Nuevas inversiones


Si bien la tecnología desarrollada está en una etapa incipiente y su maduración puede demorar años, ya han comenzado a recibir interés de distintos lugares. Las empresas del sector agrícola ven el potencial y desean comprender mejor su alcance.


“Hemos tenido charlas con muchas empresas. Nos han consultado para poner a punto alguna especie particular. Hay gente muy interesada. Esto es disruptivo para el modelo que uno tiene en la cabeza”, manifestó Nagel y señaló también que incluso están aquellos que desean invertir en la startup para diversificar su actividad, porque entienden que a futuro el retorno que puede generar Infira es muy alto.


El rol que tiene la agricultura en Argentina hace que un producto como el de la startup santafecina sea muy atractivo. No solo para los grupos empresarios de gran calibre sino también para la agricultura familiar, que ocupa un lugar estratégico dentro del ecosistema. Además, el lugar donde está ubicada le da un plus.


“Nosotras estamos en Santa Fe, con lo cual en la región tenemos muchos actores con los que conversar. En el eje Santa Fe- Rosario, aparte de la producción agrícola primaria, todo lo que es agrobiotecnología es muy fuerte. Y llegan también muchas conexiones de otras partes del país, incluso de afuera”, completó Reinheimer.



El próximo paso del trinomio que conduce Infira es armar una ronda de inversión para obtener nuevos fondos que les permitan dar mayor volumen al desarrollo. Y ya están trabajando en ello. “Ahora estamos diseñando una ronda. Serían aproximadamente de u$s400.000 para dos años. A cambio de eso, iremos haciendo entrega de capital de la empresa”, adelantó Nagel.


Con esos fondos, apuntan en primer lugar a contratar servicios tecnológicos, es decir, infraestructura y equipos pero también proveedores, para desarrollar los nuevos cultivos. “En segundo lugar, presentar patentes nuevas. Ahí tendremos una inversión alta”, detalló Reinheimer.


En tercer lugar, parte de los fondos serán utilizados para ampliar el equipo. Sin embargo, será en la medida que sea necesario. “Va a haber incorporación de gente, pero no se disparará la contratación al mismo ritmo que la inversión u otra variable ya que hay que analizar bien los perfiles a contratar”, explicó Nagel.


Uno de los mantras dentro del mundo de las startups tiene que ver con la velocidad de crecimiento. Lograr en poco tiempo una expansión acorde a los requerimientos de los inversionistas y de los recursos con los que se cuente. “La naturaleza de las startup es que tienen que escalar rápidamente”, explicó Arolfo, consciente del desafío que tienen por delante.


“Esa escalabilidad es un requisito en este tipo de empresas y generalmente se da en forma de una pendiente muy pronunciada”, dijo la COO. Y sin dudar agregó: “Ahí estará nuestra habilidad para poder conseguir los recursos que se necesitan, para darle el crecimiento que haga falta”.


Sin embargo, como la startup santafesina desarrolla un producto de laboratorio, sus tiempos también son otros. Eso no quiere decir que su crecimiento no pueda ser acelerado sino que, aún siendo acelerado, su aplicación puede demorar.


“Es un descubrimiento que se transforma en tecnología validada a escala de laboratorio. Para madurar un desarrollo como éste y usarlo para convertir las especies de vida corta en especies de vida larga, y además que sean productivos, tenemos años de desarrollo con una inversión importantísima de capital”, explicó Reinheimer.


Más allá del tiempo que pueda demorar y de las dificultades que puedan surgir, el mercado de genética vegetal en el cual se desarrolla Infira tiene un potencial gigantesco - se espera que para 2025, la valuación del sector alcance los u$s11.500 millones - con lo cual el futuro es más que promisorio.


Las tres coincidieron en el potencial que tiene un país como Argentina para pisar fuerte en el mercado de genética vegetal, debido a la historia agropecuaria de nuestro país, al desarrollo industrial y al crecimiento tecnológico que se viene dando en los últimos tiempos.


“El desarrollo científico-tecnológico es uno de los fuertes en nuestro país. Ahí tenemos mucho potencial, aunque tenemos algunas dificultades propias del país que hacen que todo esto sea más difícil de llevar, pero siempre está la creatividad”, afirmaron.


Para finalizar, Reinheimer resumió el trabajo que están realizando en un concepto hacia el que apunta buena parte de la biotecnología actual. “Un término que a nosotras nos gusta mucho y que se usa en el mundo es la descarbonización de los commodities. Vamos hacia ese sentido”, concluyó.


Fuente: ambito.com


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